Un técnico, un contrato o solo el corazón


            Damos por hecho que al tocar la tecla de la lámpara se enciende la luz, que la llave abrirá la puerta, que si abrimos ese cajón encontraremos lo que buscamos.  Damos por hecho estas cosas por que son conocidas, nos son familiares, cotidianas, casi rutinarias y por ello sin importancia.
Si fuéramos a una casa en la que no hemos estado nunca y nos propusiéramos abrir la puerta, dudaríamos cual es la llave correcta que nos permitirá entrar, o que luz encenderá la lámpara que nos dejara ver mejor, y hasta en que cajón encontraremos es cosa buscada.  Dudaríamos realmente.
Dejemos por un momento la casa y sus cosas, e intentemos pensar lo mismo en las personas que nos rodean. Damos por hecho muchas cosas en ellas, como con la lámpara, la llave, o el cajón, actuamos rutinariamente, nos vemos y no nos hacemos notar lo mucho que no extrañamos, por que siempre nos volvemos a ver y seria cansador hacerlo todas las veces. Nos pedimos favores entre nosotros y el tono que era de afecto casi de suplica aunque el objetivo fuera una simple cosa que no tenia gran importancia, ahora se trasforma casi en una ordenen, no nos preocupamos como suenan nuestras palabras e intentamos usar las menos posibles.
Con alguien que no conocemos nos pasaría como en la casa nueva, dudaríamos, dudaríamos muchas veces en usar tal o cual gesto, o palabra, nos sonrojaríamos, los nervios nos invadirían y todo seria como una aventura en la que nunca podemos adivinar el paso siguiente.
¿Pero si la lámpara se rompiera? y la luz no encendiese al tocar la tecla pensaríamos ¿que es lo que esta mal? el foco se habrá quemado, el cable estaba feo o se corto la luz en casa.
Esa persona que ya no reacciona rutinariamente, que se molesta con la palabra o gesto que usamos, que nos demanda cosas que nos mueven de nuestra comodidad. Las relaciones son como un contrato que comienza con ansias y poco a poco se va desgastando y quizás no nos damos cuenta como se fueron terminando hasta extinguirse. Nos percatamos de lo tan importante que eran para nosotros, como ese dedo que nos lastimamos, y ahora nos duele cuando lo usamos automáticamente.
Pero si a tiempo pudimos renovar ese contrato y sentir de nuevo esa aventura entre nosotros, esa mágica sensación de no saber cual es el paso siguiente, nada esta perdido.

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